Fábulas Zarigüeyiles – Tomo 1: La Reforma Laboral

Don Braulio dobló el periódico y lo dejó sobre la mesa de caoba de su despacho. Lucía una sonrisa triunfal en la cara, como alguien que acaba de dar caza a la madre de Bambi, o que sabe exactamente qué va a hacer este fin de semana con la fulana que conoció en el bar del casino. Se palmeó la tripa, envuelta en una camisa de seda, y tamborileó con sus dedos en la madera del escritorio. Con un solo giro de su silla de cuero, tomó el auricular de su teléfono.

– Señorita Gómez, llame a mi presencia a Martínez, Ribalta y García, por favor.

Una voz joven y servil respondió algo ininteligible desde el otro lado y colgó. Don Braulio se arrebujó en su sillón mientras giraba con sus dedos uno de sus tres anillos de oro. Pasados tres o cuatro minutos, un par de hombres de mediana edad y una señora algo mas mayor (“madurita”, que diría Don Braulio en sus reuniones sociales de la patronal) se personaron en el despacho. Los varones parecían nerviosos, y uno de ellos no paraba de balancearse sobre sus pies mientras el otro miraba todo cuanto había a su alrededor. La veterana aguardaba con las manos entrelazadas en su regazo, con la misma expresión de rutina que usa para hablar con los clientes por teléfono. Don Braulio se levantó aparentando hacerlo trabajosamente y se abrochó el botón central de su chaqueta.

– Señores, y señora, disculpen por haberles interrumpido en sus quehaceres, pero debo comunicarles algo de suma importancia. – Don Braulio les miraba alternativamente a los tres. Uno de los hombres adoptó una expresión asustadiza. -Como probablemente sepan, la firma que todos nos esforzamos en hacer prosperar pasa por momentos azarosos… – Don Braulio agachó la cabeza para dar pesar a sus palabras, pero apenas podía contener la sonrisa – y en reunión con Contabilidad y con Recursos Humanos, lamento comunicarles que hemos de tomar ciertas decisiones que…

– Pero Don Braulio – Le interrumpió uno de los hombres – Los beneficios del último trimestre…

– Beneficios, beneficios…- El patrón fingió contrariedad – Si ustedes tuviesen la mitad de responsabilidades que yo sabrían que los beneficios no lo son todo, y hay otros factores…

– Perdone, señor – se adelantó tímidamente la veterana – La semana pasada estuve hablando con Conchita de contabilidad y me dijo que las cuentas eran…

– Conchita de contabilidad sabe cuáles son las cuentas y no le convendría propagar rumores falsos – Sentenció Don Braulio, aunque en su mente pensaba “contabilidad hará lo que sea menester que haga”, que en muchas ocasiones equivalía a “se hará lo que yo diga” – El caso, señores y señora, es que no me queda más remedio que reajustar la plantilla, y para ello lamentablemente debo acometer una serie de despidos.

Los dos hombres palidecieron y se miraron. La señora frunció el ceño, pero no dijo nada. Finalmente fue uno de los hombres, el que parecía menos asustado, el que le puso valor al envite.

– Don Braulio… – comenzó dubitativo – no puede despedirnos así. Hay un convenio, y la ley que ampara al trabajador…

No pudo acabar la frase. Su jefe se contorsionó hacia atrás en una sonora carcajada que permitía ver sus dientes y encías.

– ¿La ley? ¿los convenios? – dijo mientras se secaba las lágrimas con un dedo – Usted no ha visto la televisión ultimamente, ¿cierto, Martínez?

– ¡Es un despido improcedente a todas luces! – dijo la señora con los puños apretados – ¡Y voy a exigir mi indemnización!

Don Braulio se recreó en la situación. Esperaba resistencia, y más de la insolente señora García. “Se piensan que porque llevan 20 años en la empresa están en condiciones de exigir”, se dijo el patrón.

– Bendita reforma electoral – dijo Don Braulio mirando al cielo – que comprende al empresario y nos facilita la labor de mantener nuestras empresas abaratando la salida… – miró muy serio a la señora García – Veinte días, García. Y dé gracias de que tenga tan buena disposición hacia usted por sus años en la empresa. – García se quitó las gafas y apoyó la frente en su mano.

-Pero, jefe, yo… – el hombre que aún no había dicho nada se manifestó – mi mujer está embarazada y ella fue despedida hace unos meses…no puedo…

-Ande ande, Ribalta – Dijo Don Braulio mientras palmeaba la espalda de su ex empleado y le conducía a la puerta – Si le va a quedar un “parito” bueno, y cada vez hay más comedores de Cáritas abiertos. ¿No ve que la crisis es muy gorda y muchas empresas van a la ruina?

Uno tras otro, abandonaron el despacho. La última fue la señora García, que antes de salir se permitió encarar a su ahora antiguo empleador.

– Me informaré en el sindicato. Esto no queda así.

Don Braulio le cerró la puerta en las narices.

– Mira que miedo me da tu sindicato, vieja cerda. – masculló el jefe. Seguidamente, se volvió a dirigir a su teléfono.

– Gómez, llame a Montoya, Navarrete y López, y rapidito.

Don Braulio aguardó mirando por la ventana con las manos en la espalda. Observó a un mendigo que pedía en la puerta del supermercado. Se preguntó cuantos de éstos despojos dormirían en cajeros y por que demonios no se buscaban un trabajo.

Los siguientes tres empleados llamaron a la puerta, y sin esperar respuesta, pasaron al despacho. Don Braulio se giró despacio, de nuevo con una sonrisa, mientras se pasaba la lengua por los dientes.

– Pasen, pasen. Debemos hablar de su continuidad en la empresa.

Los nuevos empleados se sobresaltaron. Eran tres hombres jóvenes, apenas recién contratados. De camino al despacho de su jefe, habían oído a la señora García despotricar sobre su repentino despido y temían que ellos fueran los siguientes.

– Verán, jóvenes. La empresa pasa por momentos económicos difíciles, y nos hemos visto obligados a acometer ciertos despidos. No, no se sobresalten. Como saben, valoro mucho el empuje y vitalidad de la juventud, y estoy seguro que ustedes tres serán un activo muy importante para nuestra entidad…

Los tres jóvenes se miraron y sonrieron nerviosos, pero aliviados.

– …por ello – continuó Don Braulio – a partir de mañana trabajarán diez horas más a la semana para compensar nuestras recientes pérdidas. Oh, y deberán acudir también los fines de semana. – El jefe sonrió con toneladas de cinismo. – Es el momento de remar todos a la vez y sacar la cabeza con trabajo y esfuerzo.

Los jóvenes se quedaron atónitos. Miles de pensamientos cruzaron su cabeza simultáneamente. Uno de ellos adquirió una expresión sombría.

– Don Braulio, – se adelantó éste último – imagino que habrá un incremento salarial o más días de vacaciones…

El patrón liberó una segunda carcajada que le hizo llorar de nuevo.

– ¡No diga tonterías, Montoya! Les acabo de decir que estamos con el agua al cuello. Conténtense con que conservan el trabajo. ¿Alguna pregunta más?

Los empleados quedaron callados con una expresión de ira contenida. Sólo uno de ellos se atrevió a alzar la voz.

– Es inadmisible. Por ley no podemos trabajar mas horas de las estipuladas, es un atropello a nuestra vida personal.

– Y otro tonto con la ley – suspiró Don Braulio – ¡Que eso ha cambiado, nenes! Nos han dado carta blanca para hacer lo que estimemos conveniente, y lo que estimo conveniente es lo que les digo. Si no les interesa, siempre pueden recoger sus pertenencias y salir del edificio. Puedo prescindir de tres trabajadores y aún me quedan 4.999.997 haciendo cola para entrar. Ustedes verán.

El joven que habló en último lugar se volvió y cogió la puerta para salir, mientras susurraba un “Hijo de puta” a suficiente volumen como para Don Braulio lo oyera. Éste no dio muestras de haberlo escuchado. Los dos empleados restantes permanecieron inmóviles hasta que su jefe les despachó con un gesto de su mano. Salieron muy despacio y sin mirar atrás.

Don Braulio se quedó solo en su oficina. Se dejó caer sobre su sillón de piel, abrió un cajón de su mesa de caoba y sacó un habano de una cajita. Le quitó un extremo mientras prendía el otro y volvió a llamar a su secretaria.

– Señorita Gómez, esta tarde no me pase más llamadas, voy a estar ocupado. Por cierto, no es necesario que venga a partir del lunes. Voy a contratar a una becaria en prácticas para cubrir su vacante.

La muchacha no respondió nada. O quizás si lo hizo, pero Don Braulio colgó a toda prisa sin esperar contestación. Con el habano en los labios, tomó el periódico que había estado leyendo un rato antes. En la primera plana había fotos de los políticos que habían aprobado la reforma laboral. Don Braulio se echó hacia atrás y se fumó su puro con una gran sonrisa en su cara.

– Qué gusto da – pensó en voz alta – Irse a casa con el deber cumplido.

Advertencia: El anterior relato puede pecar de exceso de maniqueísmo en lo referente al retrato del empresario, los trabajadores y las relaciones entre ambos. Lo que sí es cierto es que, lamentablemente, ésta situación se dará en más de una empresa, por lo que no se considera un relato de ciencia ficción. Disfruten de lo votado.

"Señorita Grant, consígame una foto de Spiderman. Me da igual que seamos una empresa de conservas de atún; consígala o le despido."

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Published in: on febrero 14, 2012 at 9:26 pm  Dejar un comentario  

Por los pelos

Fue en Agosto, a primeritos. Me corté el pelo, y desde entonces no me lo he tocado con una tijera. Mi ADN es especial, hipotetizo. Creo que me crece más rápido de lo normal. El pelo, digo. Eso da como conclusión que ahora llevo una mata de pelo que haría replanteárselo a quienes llamaron “pelusa” a Maradona. Evidentemente no vieron las VPO para piojos que me salen del cuero cabelludo, con más cuero que pellejo. Y es un coñazo, oigan. Me obliga a arduas labores de peinado cada mañana: mojar, secar y moldear. Y eso cuando me siento flex. Normalmente cuando tengo el día nuboso me limito a pasarme el cepillo, con la consecuencia de que se bufa y parezco un caniche inflado a anabolizantes. Ponedme un collar y llamadme Flufy, ya ves. Un colega me dice que me parezco a Mr. Satán, el de DBZ. Por mis cojones, salvo el bigote.

Otro tema son las patillas. Se asemejan a cualesquiera felpudos bienvenidos pegados a los lados de mi cara. Cualquier día de éstos me hacen patriarca de un clan de gitanos, y a Fe mía que me sacuden. Otro coñazo king size, coge la tijera, pilla con los dedos la patilla, córtala…para dejarte el asunto hecho una guanada. Hay cosas que es mejor dejar en manos de profesionales, como cortar el pelo, recetar medicinas y cargar bombonas de butano.

Hay quien dice que salen vocecillas de mi mata de pelo. Liendres tremendamente educadas, o una fantástica raza de duendecillos que se asientan en las pelambres y son felices medrando entre mis semirrizos y haciendo tortitas que luego confundo con caspa. Diría que sus mayores enemigos son los trolls capilares, pero aún no he llegado a ese punto de perroflautez irreversible. Aunque me dejo un pastizal metálico y celuloso en champuses, mire ustez. No me trago lo de las vocecillas feéricas. Prefiero pensar en la selva, la frondosidad de las junglas, con sus ecosistemas a base de leones, jaguares, ñus, boas…¿alguien más ha oído un elefante…?

Lo bueno es que el pelucón abriga en invierno, y una buena combinación de gomina a granel y tres cuartos de piel negra da una faz de mafioso bielorruso chungo que te cagas by the leg to down. Y a mi churri le mola enredar sus dedillos entre mi cabellera. Alguna vez ha sacado solo hueso, pero parece que no le importa mucho.

Mmm…¿Míster Satán?

El lunes me rapo, fijo.

 

"Te mola mi pelazo?? Pues espera a ver debajo del cinturón, majo!!"

Published in: on octubre 19, 2010 at 9:22 pm  Dejar un comentario  

La llamada del Imam

Cuando anduve por Egipto hace unos cuantos años, recuerdo que el Nilo no me causó una especial impresión. Una masa de agua opaca, ya desprovista de grandes reptiles y presumiblemente de alta toxicidad no resultó suficiente para horadar mi espíritu como suelen hacer las grandezas insondables y en ocasiones abrumadoras de la naturaleza, o en un país como éste, una historia de miles de años a las espaldas.

Sí recuerdo, no obstante, algo que quizás a cualquier otro turista habría pasado por alto o no le hubiese dado mas valor que el que se percibe. Me encontraba en taciturna soledad, entrando a un estado especial de relajación, sobre la cubierta del barco que surcaba el gran Nilo, a una hora indeterminada cerca de la puesta del Sol y con un brebaje espirituoso, acaso el responsable de mi conciencia de supra-percepción. De repente, se empieza a oír un canto, sin saber muy bien de dónde venía. A ese canto, de ritmo constante y variable, se le unieron otros tantos desde diferentes puntos. Alcé la cabeza y me dí cuenta de la causa de aquello. Los distintos imanes de todas las mezquitas cercanas a la orilla del Nilo habían trepado a sus minaretes y llamaban a la oración auxiliándose con megáfonos. O quizás fuese una grabación, poco importa. El espectáculo sonoro de la recitación de versos del Corán simultáneamente desde ambas orillas del río en el momento de descanso y reflexión que otorga el cielo anaranjado del ocaso, agotada la algarabía de la tarde y en sumo silencio, tuvo un importante peso en mí en ese instante. Naturalmente no podía entender lo que decían, pero sabía que era algo bueno, que convocaba a los fieles al recogimiento y a apartarse durante unos minutos del trajín diario. Entonces el Islam me resultó una creencia milenaria, respetable, capaz de tocar la sensibilidad de alguien dispuesto a escuchar sin entender las llamadas de los imanes, por el mero hecho de observar la unidad que se desprende de esa religión con respecto a sus fieles. Y es una de las anécdotas que más cuento de mi periplo egipcio.

Quizás por ésa experiencia tan positiva estos días me sienta decepcionado con el Islam. Trato de comprender que en todas las religiones del libro hay grupúsculos, sectas, que interpretan los escritos de forma equívoca o conveniente a según que intereses; pero no acabo de encontrar la reflexión. No soy capaz de entender la causa por la que aquella religión que me causó una fascinación inolvidable es hoy la que alberga el mayor y más despiadado sector de extremistas carentes de todo razonamiento que no pueden albergar la mínima tolerancia para comprender que no todos los países son musulmanes y que a veces se utilizan palabras propias del islam sin ánimo de escarnio. Ahora, quizás contaminado por los medios de comunicación, siempre manipuladores y la voz de los poderosos, el Islam se me antoja una religión tiránica, irreflexiva, con el propósito de cambiar el mundo a su favor pero incapaz de tolerar un pequeño cambio en su seno. Y mi decepción es aún mayor cuando observo que los diferentes líderes religiosos musulmanes, supuestamente integrados y moderados, no mueven un dedo para acabar con éstos movimientos radicales dentro de su propia casa, quizás por miedo a recibir un zambombazo de ésta pandilla de bárbaros inclementes. O tal vez porque cuando dicen rechazar la violencia, lo hacen con la boca pequeña.

Me causa sincera tristeza, pues ya no podré contar mi bonita experiencia en el Nilo con los imanes de las mezquitas sin ensombrecer mi semblante y pensar “…y lo que es ahora…”

"Algo me dice, Yusuf, que mi piscina mola más que la tuya..."

Published in: on septiembre 20, 2010 at 9:01 pm  Dejar un comentario  

No Requiem for the Fat Girl

¡Usted! ¡Sí, me dirijo a usted, gorda sociópata y misantrópica! ¿No está harta de ser la oronda feliz pañuelo-de-mocos del resto de sus compañías mientras en su interior oculta una colosal depresión y desprecio hacia sí misma? ¿Acaso no le da vergüenza salir de marcheta con sus amigas buenorras, que sólo toleran su compañía para parecer más guapas a su lado y para ejercer usted de “limpiaconciencias” de semejante manada de monas tití? ¿Pudiera ser que estuviese hasta su granuda frente de escuchar a sus amistades contar que se han liado con el morenazo del bar, el de los brazos venosos; otra que ha acorralado al técnico de internet y le ha hecho un hombre, y la de más allá que ha desvirgado al chico pizzero, hijo de una vecina cuyo marido alcohólico está internado por peligrosidad extrema…mientras usted, infame y putrefacto conjunto de michelines, ya no sabe con que dedo, vibrador o cuello de botella hacerse el apaño? ¿Está cansada de todo ello, pedazo de foca sin alma?

¡¡Pues alegre su circunspecto rostro, execrable desperdicio de aire!! Si usted o ustedes se conforman con ser una abominable acumulación de tejido adiposo con ojos, es porque le sale de su sudorosa setica. ¡Porque la tele, la sociedad en conjunto, tiene la solución, acho pijo! Tómese un tazón de cereales de marKa cada noche durante 15 días (el plan Special Pollas en vinagre) y verá la desnutrición bestial a la que estará abocada…pero el cuerpazo de sirena discotequera de polígono vulgar que se le queda. Y da igual que lleve toda la vida tomando jamón york y haya crecido fuerte y sana. Si ahora toma usted jamón york con vetas de grasa no significa otra cosa que es usted una tragaldabas Pozo sin fondo, piazo animala!! Tome jamón york transgénico mutante hecho con lo peor del aparato excretor del cerdo…pero sin grasa, cojones!!! Y no dude que dispondrá del físico de la profe de baile que lo anuncia, que debe ser prima del cañón que anuncia los cereales. ¿Qué más da que esas tías sean modelos y ya estuvieran asín de ricas desde antes de publicitar estos productos? Pequeñeces, lamentable obesa, pequeñeces de su cabecita.

Por cierto, y no por ello menos importante, engendro grasiento y cejijunto…¿cómo que no se ha depilado con la crema depilatoria súper-mágica? Cualquiera con un mínimo sentido del gusto le diría ve ete a la mierda. Atreverse a ir por la calle con esas patas de pelos, que parece una tarántula…que valor!! Peluda! Foca neanderthal!!

Y que no nos enteremos, pardiez, que no nos enteremos de que usted, hedionda bola de carne rellena de cheetos, no se gasta hasta el último céntimo que no tiene en clínicas corporativas dermoestéticas transformando el cuerpo que Dios, su padre, su madre y el polvo de entre medias le dieron, para convertirse en una muñequita artificial, con más remiendos que el sayo de una costurera que, por cierto, podrá participar en anuncios de cereales y jamón york, ouh yeah!! Ah, y no se olvide de untarse de crema reductora por las noches, para hacer esfumarse ese horrendo conjunto de celulitis que le preña las piernas, cacho de morsa del ártico parturienta!!!

Así que ya sabe, desgraciado monumento al exceso de calorías…si usted se empeña en ser una tía normal y corriente, será porque le da la gana, so vacaburra!!

"Niños, apartaos de ahí!! Creo que vuestra madre hoy ha comido fabada!!"

PostMortem – Réplica: A tomar por culo las pendonas que se hacen pasar por tías corrientes para vendernos unos productos de mierda y además ultra caros. Que le jodan al idiota que se gasta lo indecible en ponerse culo, pectorales, tetas o un grifo en la frente. En términos sencillos: a los tíos, esos entes con pene y mente, normalmente ubicados ambos los dos en el mismo lugar, sólo queremos ver zagalas de matrícula de honor corpóreo en las pelis porno y los videojuegos. Las que nos gustan para calentarnos el lado de la cama son mujeres de una normalidad suprahumana. ¡Que viva la buena chicha donde agarrarse! ¡Loor a la pivi que disfruta con una buena hamburguesa, se toma luego un helado y después le quedan fuerzas para hacernos tapioca fosfatinada en un sofá, o ande se tercie! ¡Aúpa la nena que luce celulitis y le importa tres cojones! ¡Queremos mujeres sanas y felices que nos den hijos robustos capaces de partir un pan de kilo de tres días de un mordisco; y no parodias de feminidad que parece que van a parir nubes de esas que venden en los kioscos de golosinas!

¡Arriba la mujer natural! ¡Y que le den por saco a la sociedad de consumo!

Aunque todo dentro de un orden, claro. Los hipopótamos, para la selva. Ejem…

Published in: on agosto 27, 2010 at 2:42 pm  Dejar un comentario  

La Genética del Mal

La violencia ha acompañado al hombre desde que éramos apenas unos macacos escarbapiojos y arrojaheces encaramados a la rama. Y el que diga lo contrario, es un creacionista. La violencia en sí no tiene por que ser mala, en tanto que es parte integral de todo homínido mental y socialmente. Algunos trabajos sólo pueden llevarse a cabo a través de una violencia física; honestamente no veo a nadie cargarse un piano a la chepa sin un poquitirritín de mala uva. La violencia es catalizador de arte, a veces. Picasso era de carácter tormentoso y achuchante, y Caravaggio fue un criminal perseguido, faceta que reflejaba en algunas de sus pinturas. Incluso el propio acto amoroso de engendrar está cubierto de una pátina de violencia bien entendida (allá cada cual con sus filias y sus bondages) por no hablar de la violencia gore de un nacimiento. La violencia, en resumen, bien canalizada es un bien necesario para la subsistencia de éste conjunto de recalientafiletes que llamamos Humanidad.

Ahora bien, tal y como la moneda de Dos Caras tenía una ídem rayada, así existe la otra violencia. Se usa la violencia en un ataque de ira o nerviosismo. En defensa de algo o alguien. Para sometimiento de terceros. O porque el mundo me hizo así, vayan vuecencias a saber. La tónica común es que ésta violencia suele acabar mal para alguien, indiferentemente. Acaba mal si tiramos el ordenador por la ventana al haber perdido la partida. Alguien con los piños rotos por chorrear a la “novia o al primo de”, cuarto y mitad de lo mismo. Quien abusa de uso de éste tipo de agresividad es un “violento” en el sentido peyorativo de la palabra, pero que también implica de forma no específica una oportunidad de redención, reparar el daño ocasionado y aquí paz y después gloria. Todo sujeto merece una segunda oportunidad, pues cada uno de nosotros puede cagarla gorda en algún momento de baja moral.

Y luego están los otros.

Violadores que saben perfectamente lo que hacen y no hay manera humana de corregirlos. Chavales jóvenes a los que se le supone un uso completo de las facultades mentales asesinando a sangre fría, con premeditación, alevosía, y mala leche manifiesta a otro congénere por un quítame allá esas pajas. Asesinos múltiples con litros de sangre en sus manos que se parten el culo en los juicios y se mofan de los allegados de la(s) víctima(s). En resumen, esa subespecie del género humano que lleva el mal en los genes, porque hacen lo que hacen a sabiendas y no se arrepienten ni con un tizón ardiendo en los ojos.

Así que la pregunta es…¿hasta dónde se considera a una persona dentro del género humano? La pregunta puede parecer que obvia la respuesta. Todo ser humano lo es siempre, en todo momento. Pero no hablamos de una condición física, sino moral y social. Al ser humano se le supone un cupo de barbarie, pues lo lleva con el uniforme. Pero ¿acaso no hay comportamientos y procedures que están más cerca del Mal bíblico, de los diablos? Mantuvo encerrada a su propia hija durante años en un sótano, y la violó repetidas veces mientras él mismo hacía vida normal. Ametrallaron a toda una clase de primaria, niños pequeños, por un chantaje político no satisfecho. Mataron por un ideal erróneo o prostituido y no solo no se arrepienten de ello, sino que lo volverían a hacer. Comportamientos éstos, de violencia extrema e irracional, no deberían ser propios de una definición de humanidad. Ni siquiera en el reino animal, lo que llamamos “bestias”, se dan éstos desmanes. Por ello, debemos sospechar la existencia de un “Gen del Mal”. Homínidos que son maldad pura, sin remordimientos, sin infancia dura ni desestructurada, sin sociopatías asociadas. Gente que hacen el mal per se. Diablos sin cuernos ni tridente. Seres, en definitiva, que no deberían ser incluidos dentro de la especie humana, por haber rebasado en mucho la fragmentación ética del hombre. Y por tanto, deben ser apartados de la sociedad. O bien confinándolos en un lugar apartado y aislado, donde no tengan contacto alguno con nadie (la proverbial cueva oscura y húmeda) o bien eliminándolos del engranaje social, como se elimina un perno estropeado de un motor que no marcha.

Aún no hay causas ni teorías científicas que confirmen la existencia del Gen del Mal. Pero existe, está ahí, saludándonos con la mano. Quizás no es algo medible a nivel físico. No estará éste gen en el código genético de nadie; pero sí lo está en otro código, ese aún sin descifrar ni mapear, que es el alma humana.

Y el alma, parafraseando a Nietzsche, es un abismo oscuro que a veces te devuelve la mirada. Y eso da mal rollo.

Al principio le cortaron la electricidad por impago, pero luego se volvió malo de verdad...

Published in: on julio 28, 2010 at 1:56 pm  Dejar un comentario  

El Pulpo Metafórico

Según los académicos, la expresión moderna “dar la del pulpo” engloba diversas acepciones. La primera sería la interpretación de quien es muy generoso, da y ofrenda por óctuple, a tener en cuenta las ocho patas o tentáculos del proverbial cefalópodo. El segundo significado consistiría en la fineza y boato culinaria de un o una individuo o individua. Consabida es la exquisitez superior, casi adictiva, del pulpo a la gallega o al horno. Siempre y cuando esté bien cocinado y no nos den gato por liebre, o en este caso, calamar por pulpo. Recuerden siempre fijarse en las ventosas, que si acaso sirven al animal para encaramarse y permanecer adherido a cualesquiera superficies, también actúa como lectura de un pulpo genuino y como Diox manda.

"Oh, Neptuno...creo que ese tío es gallego...¡¡Auxilio, sacadme de aquí!!"

La tercera interpretación se da en dar una paliza de miedo a persona, animal o esterilla. Proviene ésta de la sarta de mazazos que necesariamente ha de aplicarse al pulpo, siempre y cuando ya haya pisado el cielo de los octópodos, para enternecerlo, sin necesidad de película romántica, y que su carne no adquiera la textura de un neumático.  La última acepción se ha creado a raíz de la final del Campeonato Mundial de Fútbol. Se puede hablar de “dar la del pulpo” en diversas lecturas paralelas. Primeramente, describe perfectamente el modus operandi de una selección Holandesa asustada, sin plan efectivo, cuya única táctica consistía en partirles los piños a nuestros reclutas a la menor ocasión; todo ello con la complacencia de uno que decían era árbitro, pero a tenor de su actuación apenas se había bajado del perigallo de recoger melocotones. En éste sentido, “nos dieron la del pulpo”.

Luego está la poética épica de nuestra victoria. Después de jugar casi impecablemente durante un tiempo indecente y bajo los cañonazos marraneros de los Países Bajos (o Barriobajeros), la del pulpo se la dieron los nuestros. Pero un pulpo metafórico, pues no fue paliza como tal, pero cuanto más aplastante por ser una victoria in extremis y en una final de semejante envergadura.

Y finalmente, hablar del último significado. El que ha dado más que hablar que el sarampión. El pulpo más mediático que ha habido y habrá. Hablo de Paul, el Pulpo adivino. Lo que empezaría como una broma, terminó por desatarse en fenómeno mundial. Y cuando un pulpo en su pecera es capaz de copar portadas de diarios en todo el mundo, algo pasa en el fondo del mar. Quizás sea fruto de una casualidad salvaje. Tal vez desconocemos cómo reacciona el ojo del pulpo, uno de los más desarrollados de la naturaleza, ante las diversas tonalidades de color. O pudiera ser que nuestra arrogancia humana nos impida ver que en el reino animal hay auténticos talentos, que a nosotros se nos antojan milagros y que para los pulpos es como sacar la basura, cotidiano.

El caso es que Paul “dio la del pulpo” con sus infalibles pronósticos. Y durante algunos días, el mundo entero no apartó los ojos de la pecera de Paul. Algunos incluso quisieron alquilar sus servicios a nivel particular. Demencial. Pero no deja de ser simpático y entrañable ver cómo un simple pulpo fue el ojito derecho del mundo entero, y auténtica mascota del Mundial. Nada como crear una figura divina para mantener el suspense de todo homo sapiens. Que se lo digan al Vaticano.

Y ya está. Somos campeones del mundo. Y mi sueldo sigue igual, el paro no se ha movido y los bancos siguen robando. Pero al menos tengo la certeza de que podré contarles a mis nietos, o en su defecto a los engendros de laboratorio que pergueñe, que vi y celebré cómo los mejores futbolistas de mi país se pulieron a los mejores futbolistas de los otros países del mundo. Y todo lo predijo un pulpo, al que yo creía cuando nadie daba ni un duro por él. Salvo quizás algún restaurante gallego que ya pensaba quién iba a pagar el pato en caso de haberse vuelto la selección nacional con las manos vacías y cara de circunstancia.

"Te lo advertí!! No grabes tu partida de Super Mario Galaxy encima de la mía!!"

Published in: on julio 14, 2010 at 1:53 pm  Dejar un comentario  

Personajes de Videojuegos a los que Defenestraría, Incendiaría, Fusilaría, o pagaría a otro para que lo Hiciese.

Parece un embuste, pero en ocasiones los odios de la audiencia no se dirigen al villano de turno de la obra. Ocurre que en determinadas circunstancias los guionistas de un ídem, ya sea de cine, televisión, cómics o late show engendran personajes tan irritantes y vomitivos que no por ficticios resultan menos ostiantes. En términos psicoanalíticos, que diría Freud, aquellos escritores presentan cuadros psicóticos autodestructivos, que debido a la timidez o cobardía inherente en el sujeto en cuestión impide que el paciente se infrinja daño a sí mismo o suplique a terceros que lo hagan. A causa de ello, crean a éstos patéticos subseres, ad hoc para ser odiados y recibir, aunque sólo en reflejo, el desprecio del respetable. O algo asín.

A continuación, mi propio Top 5 de personajes videojueguiles que deberían ser exterminados y extirpados de la memoria colectiva del aficionado de pro. Ordenados de menor a mayor odiosidad, son:

División Bronce (6): Aeris, de Final Fantasy VII

Porfa, Joselu, no me quites un 5% de ostiabilidad...

Sé que muchos me odiareis por esto…pero yo os odio mucho mas!! Y a ésta tipa, hasta lo indecible. Es decir, claro que a mí también me dio penita cuando YA-SABEIS-QUE, ejemSefirotselacepillaejem, pero pensándolo a posteriori más fríamente…¿qué lleva a una simple florista a embarcarse en un pifostius contra un villano mega cósmico y acompañando a una banda de delincuentes yonkis y cantamañanas? ¿que pretendía hacer? ¿derribar a los enemigos con ramos de tulipanes? ¿invocar un kame-hame-ha con un gladiolo…? Y el rollito ese de sanar…en un juego como éste es inaceptablemente homogay. Sexta posición por “Ay Manolete, si no sabes torear pa que te metes…”

División Bronce (5): Laura, la mocosa del Silent Hill 2

"...Y éste jersey de rayas me lo hizo la yaya antes de que le clavara un alfiler de sombrero en el hígado..."

Los niños son niños. No se les puede controlar, ni domar. Son salvajes e impredecibles, criaturitas llenas de vida y alegría, que llenan nuestras vidas de gozo y color. Pero tú, Laura, niña, no eres una chica cualquiera. Estás sola buscando a tu madre en una ciudad llena de espíritus malignos con forma de enfermeras mutantes cachondas y tíos con conos de tráfico en la cabeza. Así que cuando te diga que esperes en un sitio, te esperas y no te mueves, pijo. Pero no, tu tienes que ir contra el sistema, desapareciendo sin avisar y apareciendo sólo para tocar los ovoides. ¡Niños! Quinta posición por No saber ande poner el huevo, copón.

División Plata (4): Los Gnomitos del Golden Axe.

"No, señor, no me trago lo de su Espada Legendaria estando usted en calzoncillos. Me huele raro..."

Yo sé la verdad. Los canijos no llevaban jarras mágicas en la saca. Iban de botellón, y siempre se encuentran en el sitio de quedada a un tío en calzoncillos clisado!!. Es evidente que había alguna razón para que los pequeños bastardos fuesen cargados hasta las cejas de jarras. Pero lo que nunca voy a entender es por qué siempre pasan al lado del prota si saben que les van a patear la cabeza y sacarles el botín. Pero no se qué es lo que más me cabreaba de éstos sujetos, si sus tendencias masoquistas-cleptómanas (los mas viejos del lugar entenderán esto), o que los jodíos no paraban el culo y la mitad de las patadas iban al aire. Cuarta posición por “Tate quieto ya, achopijo.”

División Plata (3): Princesa Peach

Sus súbditos nunca supieron qué había bajo sus enaguas...

Inmadura Barbie pija asexuada y tonta del higo. El más flaco favor a los que combaten el estereotipo de rubia mentalmente insuficiente. Porque hay que ser muy petarda para dejarse secuestrar setecientas veces y por el mismo mastuerzo. Ya es para haber puesto alguna medida de seguridad en palacio tras el primero. A menos que lo que le guste sea tener pringado al fontanero bigotes cada vez que la raptan para una vez rescatada no dejarle tocar ni una tetilla. Ésta pava lo que es es mala con agonía, premeditación y alevosía. Tercera posición por “Llevo una empalmada del quince desde el 85, y como no me la comas ésta vez te va a salvar tu bruta madre”

División Oro (2): El perro cabrón del Duck Hunt

"Esto...nadie lleva encima un rollo de Scottex, eh?"

Se supone que el perro es el mejor amigo del hombre. Escudero de pastores, apoyo logístico de cazadores, compañía de solitarios y guía de incapacitados. ¿Lo oyes, cabroncete? Estás aquí para echarme un guante, no para descojonarte cuando fallo el tiro. Y resultaba especialmente irritante cuando ya andaba el sufrido pistolero por un nivel alto, los putos patos van embalados y no hay forma de darles si no es pegando la pistola a la pantalla. Y sale el hideperra y se mea en tu cara. Y lamentas no poder darle un tiro al canalla entre ceja y ceja y borrar esa sonrisa de hijoputa en su cara. Muchas pantallas fueron destrozadas por los coléricos jugadores que arrojaron las pistolitas de Nintendo. Segunda posición por “Vente al veterinario, chico, que tiene una inyección de puta madre para ti…”

División Oro (1)…(insertar redobles de tambor)…Sakura, de Street Fighter.

"¿Y dices que éste es un colegio de monjas? ¿Con neones en la puerta...?"

Irritante, pueril y estúpido. Tres cualidades que hacen de Sakura la cabeza de la lista de personajes a exterminar de la conciencia de masas. No resulta cabreante porque fuese mujer. No lo es por sus ridículos movimientos y punzantes chillidos. Ni siquiera por el espantoso y desvergonzado uniforme de colegiala, sueño húmedo de pederastas, proxenetas y demás degenerados. Lo que realmente hace odiosa a la jodida cría son las indecentes palizas que te puedes llevar de ésta aspirante a camarera de Wok. Da igual que manejes a la perfección a tu Ryu o a mi bienamado Blanka. Como tengas la mala fortuna de tropezar con Sakura en los niveles altos, te funde de dos castañas. Y para más escarnio, con movimientos copiados y mal aprendidos de Ryu, de quien por cierto está colgada.

Primer puesto por “AAAgh..!! Tres meses de práctica y me acaba de cepillar una putilla en uniforme de instituto!! Quiero suicidarmeeeeee!!!”

División Platino – Mención de Honor:

Ésta hijadeputa, ésta hijadeputa, ésta hijadeputaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!

Published in: on julio 6, 2010 at 10:05 pm  Dejar un comentario  

Malgastando el tiempo con Lucas, Capítulo 1: Y el móvil, hasta para cagar.

Dices bien, mi apreciado Lucas. El ser humano es el animal racional de intelecto más paupérrimo de cuantos horadan la Tierra. ¿Cómo que no hay más animales racionales? Me hieres en lo más profundo de mis meninges, amigo mío. Fíjate en ti, socio. Y ahora mírame a mí. ¿Crees que una persona racional en condiciones de vivir en sociedad estaría hablando con una gárgola de inanimada piedra y simulando que le contesta? Por poder, puede ser. Pero oye, quizás mis respuestas estén condicionadas por lo que YO me imagino que TU me respondes; de modo y manera que ¿quién es el racional y quién el chalado?

Tienes la irritante cualidad de hacer que me vaya por los cerros de Santa Bárbara. No, los de la teleserie no, los otros. Lo que te decía, mi pétreo colega. Mira el Dios es Cristo que se monta al bies por una nubecilla volcánica de tres al cuarto. A algún petimetre con sobredosis de títulos universitarios se le ocurre decir en una tertulia de café que la nube lleva cachitos de metal que pueden erosionar los motores y liar una parda digna de “Viven” ¿La has visto? Ah, claro, que tu vuelas y eso y no ves esas tonterías. Haces bien. Pero siempre es útil saber qué partes del cuerpo humano son mas blandas. Sólo por si los dípteros. El asunto es que los aeropuertos se acojonan por algo sobre lo que ni siquiera se ha probado en un túnel de pruebas, echan la persiana y miles de pringados (y pringadas, vamos a ser paridosos) la pringan en el pringoso suelo de la pringante terminal. Miles de dólares en pérdidas, pánico social, tiranteces en los aeropuertos, disputas, empujones, reclamaciones y partos prematuros. Y a nadie se le ocurre lanzar un artefacto o un avión sin pasajeros para comprobar realmente lo que ocurre. Es más fácil chapar los vuelos y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. ¿No te recuerda a algo, Lucas? ¡Justo, la puñetera GriposidAd! Todo cristo manchando las enaguas sin saber siquiera cuánta fiebre puede darte. Pero no es eso a lo que iba. No Lucas, no te me pongas pesado. Vamos a lo que vamos.

Lo que te quería hacer ver, Lucas, y tú como gárgola de piedra sin mente que eres ya deberías haberte adelantado a mis pensamientos, es que las personas humanas como tú y como yo, desde hace unos diez añitos o así, ya no dependemos de la zampa ni del aire para vivir. Si, claro que lo básico es lo básico; pero hablo de las necesidades creadas. Ese Skynet que se nos mete en la cabeza por un puñado de pavos y dirige nuestras vidas. Esa sed insaciable de tecnología, eje de nuestra existencia y suficiencia renal. ¿No lo pillas, Lucas? Vale, una fácil. Coge a un adolescente cualquiera. No, de los NI NI no, que me dan miedo. Quítale la comida un día. Pues bueno, pues vale, pues ya comeré mañana. Pasará hambre, pero no se hundirán los cimientos de la creación. Ahora quítale el móvil, o el messenger, o internet directamente durante un día. Solo un día sin algo con lo que no hemos vivido durante años. ¡¡EL horror, la locura!! Paren las máquinas, que se detenga el mundo que me arrojo, el perrito a la bañera de ácido y mamá con la alpargata en la mano. ¡Eso es, Lucas!! Suprime Internet o la comunicación vía móvil durante unas horas y el Jueves Negro será un chiste de Eugenio en comparación con lo que puede suceder. Estamos cogidos por los iguales, Lucas. No, si ya sé que a ti te importa un pito, que aún escribes las cartas a mano y en código morse. Pero el humano medio y quizás el más altito ya tiene una dependencia brutal a la tecnología. No conciben la vida sin internet, telefonía móvil y demás mandangas pilongas. Joder, si hay gente que se lleva el celular al tigre por si le llaman mientras hace aguas mayores. ¡Hasta el portátil, chico, para seguir rajando vía messenger al tiempo que se defeca! ¿Dónde quedaron ésos tiempos en los que uno se llevaba un Mortadelo al cagadero?

Pero no te creas, Lucas, que esto es cosa de niñat@s cabezas huecas que se luxan el dedo mandando esemeeses. Tu me dirás (yo mido 1.89 m o por ahí) qué le pasa a una empresa, por grande que sea, si se le caen todas las comunicaciones modernas y supertecnológicas. Con suerte sólo pierden miles de millones. Sin ella, el directivo de turno aparece meciéndose en la lámpara de su despacho.

En fin, Lucas, amigo, el fin del mundo está próximo. No, ni profecías mayas ni torrijas en vinagre. Cada vez tengo más claro que cuanto más maravillosa y espectaculartástica es la tecnología, más necesidades nos crean y por más sitios se nos puede dar por saco. Llegará el punto en que todo se haga a través de una máquina, hasta el sexo. Y el final del teatrillo es…bueno, ¿has visto “Mátrix”? ¿Cómo que no la entendiste? Me decepcionas Lucas. Si no fuera tan edificante hablar contigo, no te aguantaba ni tu escultor. Que tiempos aquellos en los que salías a la calle sin móvil y no te sentías aislado e incomunicado…y para hablar con un amigo ibas a su portero automático.

En fin, Lucas, te dejo que llevo prisa. Tengo que pagar las facturas de internet, móvil, la tele por cable, aquella web de contactos en la que estoy apuntado…no me mires así, estúpida gárgola. Como ya te dije al principio, somos animales racionales…

"Ajá!! Así no volveré a perderme ningún botellón por no tener el móvil a mano"

Published in: on abril 19, 2010 at 9:31 am  Dejar un comentario  

Linchamiento Perruno o “Citizen Charlie”

Acabo de recoger mi cara del suelo. No, no me la han fragmentado en una trifulca tabernaria, ni me han sorprendido en situaciones escabrosas teniendo como protagonistas una gallina, una bañera llena de leche y yo. Es una historia de deshonra y maledicencias aceleradas la que les voy a referir en esta ocasión. Lean, juzguen, reflexionen y sientan pena por el lamentable insecto que esto penosamente redacta.

El desaguisado comenzó a la entrada del fin de semana. Estando yo desperezándome en mi lecho, pude escuchar vía radio-patio una conversación entre vecinas. Una de las manifiestas gritonas era mi señora madre. Contaban ellas dos (o tres, a veces ni se sabe) del último crimen cometido en el portal de belén que es mi calle. Un pastor alemán (en adelante, “Carlitos”) conocido por acompañar a su dueño hasta la papelería y portarle el periódico en la boca hasta su misma casa, había agarrado con cruenta agresividad a un pequeño perro entre sus mandíbulas y lo había zarandeado, aplastado y pisoteado ante la impávida mirada de su amo. El animalito víctima, con el organismo desahuciado, se arrastró hasta la entrada de un taller cercano para dar los últimos estertores. Servidor, que otra cosa no, pero las historias de tragedias animales le dejan a uno mal cuerpo, pensó que la vida es cruel, el perro asesino una víctima de la mala educación, y el amo un cabronazo al bies por no mover un dedo.

En ésas me alzo de mi cama, y tras desayunar, me viene mi santa con el clásico “te has enterado que…?” y vuelvo a sufrir el padecimiento narrado del pobre perrito, pero con nuevos datos: que se oyeron los gritos del animalito y cuando salieron a ver qué pasaba ya estaba hecho un rebuño, que el dueño de Carlitos, tras una pequeña charla con los chicos del taller les pidió que guardaran silencio, que el hijo del dueño del Pastor alemán, al enterarse del canicidio, respondió con un indiferente y hueco “ah, pues es la primera vez que lo hace”, y que un veterinario ya había advertido que los perros grandes no pueden ir sin bozal, porque por muy peacicos de pan que sean, los cables se le pueden cruzar hasta al perro de Jesucristo. Conforme iba conociendo más datos del delito e iba pensando que la siguiente víctima podría ser nuestra perrita, en mi mente y aún mas rápido en mi boca se formaban maldiciones y “hayásepudra” contra Carlitos, pero más vivamente contra los dueños, por dejados e irresponsables.

Durante media mañana no pude pensar otra cosa. Maldecía al pastor alemán, a sus amos y al garrulismo imperante en España por criar ciudadanos tan zoquetes como para permitir tales ominosidades. Incluso bajo la ducha en mi mente imaginaba hipotéticos encuentros con los amos de Carlitos; en unos liberaba mi ira y les escupía mil y un insultos a la cara, y en otros guardaba las formas y les advertía de la gran probabilidad de que acabasen entre rejas o con una multa muy gorda por las acciones incívicas de Carlitos. A la hora de la comida no fue mucho mejor. Le conté la historia a cuantos se cruzaban por mi camino: a mi venerable padre, a mi amada pareja, a mis compañeros de jarana…Recuerdo una frase que vomité con especial irracionalidad: “Ojalá no suceda, pero ya cogerá ese perro a un niño pequeño que vaya delante de su madre, le hará daño y entonces el gilipollas del amo correrá como las chispas” En fundamento, Carlitos ya estaba linchado, con el beneplácito de cuantos me rodeaban. Y con lógica: temíamos por la seguridad de nuestra cánida. Sólo deseaba una escopeta con dos cartuchos: para Carlitos y para el dueño.

Corte, intermedio, ahora viene el flan. Un día después, mi señora mater me dice tranquilamente a la hora de la cena “por cierto, al pobre Carlitos le habrán pitado los oídos cosa mala…” y me contó LO QUE REALMENTE SUCEDIÓ esa mañana: Carlitos acompañaba a su dueño, como de costumbre, a comprar la prensa y llevarla en sus fauces. Se encontró con un perrito, se pusieron a jugar inocentemente, y en un descuido el perrito se salió a la carretera y fue golpeado por un coche, con el grito y las lesiones resultantes. Cuando los testigos salieron al balcón a saber qué sucedía, el perrito ya estaba medio cadáver al lado de Carlitos…y entonces las suposiciones y los diretes se dispararon.

Al terminar de contarme la auténtica versión, había perdido el apetito que llevaba. Lívido y avergonzado, pude notar cómo un pequeño Yo me llamaba imbécil, soplapingas, correvientos y sacamantecas. Pensé en el pobre Carlitos, en cómo le odié durante todo un día y en las veces que hubiera apaleado a sus amos. Como penitencia, he decidido reflejarlo en éste vuestro espacio para que lo leáis y sintáis ganas de abofetearme cuando me veáis por la calle, porque a causa de mi veletismo e impulsividad me lo merezco. Y con éstas reflexiones, termino:

– No hay perros malos, sino amos canallas.

– No se puede juzgar a un animal como si fuese una persona, cuando es evidente que no son iguales.

– Así mismo, no se puede juzgar a la gente sólo por lo que se dice, y no por lo que se sabe o conoce. Una lección que la humanidad nunca aprenderá.

– Las últimas personas de las que te puedes fiar es…la gente en general. Que tiene la puta manía de inventarse historias para llenar huecos, cojones.

– Y por último, hay que ser un poco mas listos, contrastar información, pensar en frío y no dejar que las habladurías de los correveidiles le llenen a uno el tarro de estiércol.

Con todos mis pesares, Carlitos, mis más sinceras disculpas. Mis glúteos son tuyos para que dispongas de ellos. De tu cuello para arriba, te lo ruego.

"Si, hijos. Continuamente tengo que lidiar con gilipuertas. Que perra vida..."

Published in: on marzo 29, 2010 at 8:48 pm  Comments (2)  

Futuras cajeras

Ni despedirse de su chica puede uno sin escuchar las absurdas y exasperantes risitas de un grupito surtido de niñas ni-nis de instituto de baja ralea. Un momento tan solemne y triste como decirle adiós temporalmente a tu pareja después de haber pasado unos días en su compañía, que se vea afeado por la pringosa presencia y los comentarios nada disimulados de éstas futuras cajeras/reponedoras de súper y peina-abuelas, sin más futuro que el de quedarse preñadas del primer gañán que les baile la peonza en el tugurio cubatero de turno, se le antoja a uno un tanto irónico. Pero no estoy resentido. Eso sería rebajarse al nivel intelectual subterráneo de esta caterva de pencas fornicacrepusculonas. Tan sólo espero que recen para que se dé una de éstas tres vías:

1 – Que nunca llegue a ser profesor de secundaria

2 – Que si llego, no las tenga en mi aula

3 – Que abandonen los estudios antes de que llegue

Porque como las enganche…¡¡Ay, Dios!! Como las enganche van a experimentar la dolorosa disciplina de aquel de quien se chancearon cuando con lágrimas decía adiós a su amor.

Avisadas quedáis, perracas.

Necesito una meretriz, una cajera y una peluquera. ¿Voluntarias?

Published in: on marzo 15, 2010 at 4:39 pm  Dejar un comentario