Europesadilla

Los García, allá por el año 2000, estaban entusiasmados con la llegada del euro hasta tales cotas que las uvas se las comieron en un cajero automático para ser los primeros en tocar y olisquear un billete de 20. “Si te fijas, hasta ahorras y todo”, nos decían. A día de hoy, me quedo bizco fijándome, y con el euro no ahorro nada. El piso que antes costaba 14 millones de pesetas hoy vale 40, la barra de pan de 100 pesetas hoy llega a costar 200. Y los salarios, pues ahí van. Antaño un sueldo de 150.000 pesetas era decente. Hoy ya te puedes considerar élite si cobras 1000 euros brutos con las extras prorrateadas y cotizando. Y sólo tengo casi 30 años.  Gracias, familia García. Vuelvan ustedes mañana.

Aún no sabría decir si aquellos spots televisivos tenían como objetivo tomarnos el pelo vilmente, o si por aquel entonces Europa era muy inocente, y tal virtud se la han sacado a mordiscos los mercados, quienes quiera que sean, aunque me hago una idea. Hace unos días salió un genares encorbatado en la tele contando cuánto han soñado los inversores y especuladores con la crisis, y las oportunidades de amasar pasta gansa que ésta ha traído. Ya se sabe que al olor de la carroña, vienen los buitres; y uno sólo puede añorar los años de la toma dela Bastillayla Revoluciónfrancesa, cuando las únicas acciones que subían eran las de Guillotina S.A., y  sus principales accionistas era gente sin nada que echarse al gaznate.

El euro ha sido un fiasco. Eso debería quedar claro ya. Una moneda única que se resquebraja ante el primer arrechucho serio en 10 años de vida, definitivamente se sacó del horno antes de lo debido. Europa no estaba preparada para ello, demasiadas diferencias entre los países miembro, mucha prisa en meter países prácticamente en desarrollo en el Euro para darle entidad, y políticas fiscales más perdidas que un topo en una tienda de lámparas. El Reino Unido se olió la tostada y dijo “circulen, que ya tengo de eso”. También están fastidiados, pero un poco menos.

El sueño del euro que pergeñaron Mitterrand y Kohl  se ha tornado pesadilla. Lo que debería haber supuesto prosperidad y estabilidad, ha traído paro masivo, ruina, volatilización del estado del bienestar y revueltas sociales. Se nos piden recortes como el que pide caramelos. Grecia está al borde del colapso, con ella nos “esmochamos” todos, y los políticos europeos lo único que hacen es correr en círculos gritando y agitando los brazos. Si la moneda única sólo trae disgustos, pues oiga, es para pensárselo. Se disuelve el chiringuito, cada uno vuelve a su moneda, y aquí paz y después gloria. Ya lo intentaremos otra vez cuando sepamos cómo hacerlo bien. Y si no se puede, ajústenles la correa a los responsables de ésta catástrofe. Eso quisiera la directora del FMI, la tal Lagarde, que cuando le preguntan por el siguiente tajo a dar, se encoge de hombros y dice “qué mas da, si esto se va a tomar por c…”

"No se, Paco, esta pizza no tiene buena pinta..."

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Published in: Sin categoría on septiembre 27, 2011 at 1:02 pm  Dejar un comentario  

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