La Genética del Mal

La violencia ha acompañado al hombre desde que éramos apenas unos macacos escarbapiojos y arrojaheces encaramados a la rama. Y el que diga lo contrario, es un creacionista. La violencia en sí no tiene por que ser mala, en tanto que es parte integral de todo homínido mental y socialmente. Algunos trabajos sólo pueden llevarse a cabo a través de una violencia física; honestamente no veo a nadie cargarse un piano a la chepa sin un poquitirritín de mala uva. La violencia es catalizador de arte, a veces. Picasso era de carácter tormentoso y achuchante, y Caravaggio fue un criminal perseguido, faceta que reflejaba en algunas de sus pinturas. Incluso el propio acto amoroso de engendrar está cubierto de una pátina de violencia bien entendida (allá cada cual con sus filias y sus bondages) por no hablar de la violencia gore de un nacimiento. La violencia, en resumen, bien canalizada es un bien necesario para la subsistencia de éste conjunto de recalientafiletes que llamamos Humanidad.

Ahora bien, tal y como la moneda de Dos Caras tenía una ídem rayada, así existe la otra violencia. Se usa la violencia en un ataque de ira o nerviosismo. En defensa de algo o alguien. Para sometimiento de terceros. O porque el mundo me hizo así, vayan vuecencias a saber. La tónica común es que ésta violencia suele acabar mal para alguien, indiferentemente. Acaba mal si tiramos el ordenador por la ventana al haber perdido la partida. Alguien con los piños rotos por chorrear a la “novia o al primo de”, cuarto y mitad de lo mismo. Quien abusa de uso de éste tipo de agresividad es un “violento” en el sentido peyorativo de la palabra, pero que también implica de forma no específica una oportunidad de redención, reparar el daño ocasionado y aquí paz y después gloria. Todo sujeto merece una segunda oportunidad, pues cada uno de nosotros puede cagarla gorda en algún momento de baja moral.

Y luego están los otros.

Violadores que saben perfectamente lo que hacen y no hay manera humana de corregirlos. Chavales jóvenes a los que se le supone un uso completo de las facultades mentales asesinando a sangre fría, con premeditación, alevosía, y mala leche manifiesta a otro congénere por un quítame allá esas pajas. Asesinos múltiples con litros de sangre en sus manos que se parten el culo en los juicios y se mofan de los allegados de la(s) víctima(s). En resumen, esa subespecie del género humano que lleva el mal en los genes, porque hacen lo que hacen a sabiendas y no se arrepienten ni con un tizón ardiendo en los ojos.

Así que la pregunta es…¿hasta dónde se considera a una persona dentro del género humano? La pregunta puede parecer que obvia la respuesta. Todo ser humano lo es siempre, en todo momento. Pero no hablamos de una condición física, sino moral y social. Al ser humano se le supone un cupo de barbarie, pues lo lleva con el uniforme. Pero ¿acaso no hay comportamientos y procedures que están más cerca del Mal bíblico, de los diablos? Mantuvo encerrada a su propia hija durante años en un sótano, y la violó repetidas veces mientras él mismo hacía vida normal. Ametrallaron a toda una clase de primaria, niños pequeños, por un chantaje político no satisfecho. Mataron por un ideal erróneo o prostituido y no solo no se arrepienten de ello, sino que lo volverían a hacer. Comportamientos éstos, de violencia extrema e irracional, no deberían ser propios de una definición de humanidad. Ni siquiera en el reino animal, lo que llamamos “bestias”, se dan éstos desmanes. Por ello, debemos sospechar la existencia de un “Gen del Mal”. Homínidos que son maldad pura, sin remordimientos, sin infancia dura ni desestructurada, sin sociopatías asociadas. Gente que hacen el mal per se. Diablos sin cuernos ni tridente. Seres, en definitiva, que no deberían ser incluidos dentro de la especie humana, por haber rebasado en mucho la fragmentación ética del hombre. Y por tanto, deben ser apartados de la sociedad. O bien confinándolos en un lugar apartado y aislado, donde no tengan contacto alguno con nadie (la proverbial cueva oscura y húmeda) o bien eliminándolos del engranaje social, como se elimina un perno estropeado de un motor que no marcha.

Aún no hay causas ni teorías científicas que confirmen la existencia del Gen del Mal. Pero existe, está ahí, saludándonos con la mano. Quizás no es algo medible a nivel físico. No estará éste gen en el código genético de nadie; pero sí lo está en otro código, ese aún sin descifrar ni mapear, que es el alma humana.

Y el alma, parafraseando a Nietzsche, es un abismo oscuro que a veces te devuelve la mirada. Y eso da mal rollo.

Al principio le cortaron la electricidad por impago, pero luego se volvió malo de verdad...

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Published in: on julio 28, 2010 at 1:56 pm  Dejar un comentario  

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