Linchamiento Perruno o “Citizen Charlie”

Acabo de recoger mi cara del suelo. No, no me la han fragmentado en una trifulca tabernaria, ni me han sorprendido en situaciones escabrosas teniendo como protagonistas una gallina, una bañera llena de leche y yo. Es una historia de deshonra y maledicencias aceleradas la que les voy a referir en esta ocasión. Lean, juzguen, reflexionen y sientan pena por el lamentable insecto que esto penosamente redacta.

El desaguisado comenzó a la entrada del fin de semana. Estando yo desperezándome en mi lecho, pude escuchar vía radio-patio una conversación entre vecinas. Una de las manifiestas gritonas era mi señora madre. Contaban ellas dos (o tres, a veces ni se sabe) del último crimen cometido en el portal de belén que es mi calle. Un pastor alemán (en adelante, “Carlitos”) conocido por acompañar a su dueño hasta la papelería y portarle el periódico en la boca hasta su misma casa, había agarrado con cruenta agresividad a un pequeño perro entre sus mandíbulas y lo había zarandeado, aplastado y pisoteado ante la impávida mirada de su amo. El animalito víctima, con el organismo desahuciado, se arrastró hasta la entrada de un taller cercano para dar los últimos estertores. Servidor, que otra cosa no, pero las historias de tragedias animales le dejan a uno mal cuerpo, pensó que la vida es cruel, el perro asesino una víctima de la mala educación, y el amo un cabronazo al bies por no mover un dedo.

En ésas me alzo de mi cama, y tras desayunar, me viene mi santa con el clásico “te has enterado que…?” y vuelvo a sufrir el padecimiento narrado del pobre perrito, pero con nuevos datos: que se oyeron los gritos del animalito y cuando salieron a ver qué pasaba ya estaba hecho un rebuño, que el dueño de Carlitos, tras una pequeña charla con los chicos del taller les pidió que guardaran silencio, que el hijo del dueño del Pastor alemán, al enterarse del canicidio, respondió con un indiferente y hueco “ah, pues es la primera vez que lo hace”, y que un veterinario ya había advertido que los perros grandes no pueden ir sin bozal, porque por muy peacicos de pan que sean, los cables se le pueden cruzar hasta al perro de Jesucristo. Conforme iba conociendo más datos del delito e iba pensando que la siguiente víctima podría ser nuestra perrita, en mi mente y aún mas rápido en mi boca se formaban maldiciones y “hayásepudra” contra Carlitos, pero más vivamente contra los dueños, por dejados e irresponsables.

Durante media mañana no pude pensar otra cosa. Maldecía al pastor alemán, a sus amos y al garrulismo imperante en España por criar ciudadanos tan zoquetes como para permitir tales ominosidades. Incluso bajo la ducha en mi mente imaginaba hipotéticos encuentros con los amos de Carlitos; en unos liberaba mi ira y les escupía mil y un insultos a la cara, y en otros guardaba las formas y les advertía de la gran probabilidad de que acabasen entre rejas o con una multa muy gorda por las acciones incívicas de Carlitos. A la hora de la comida no fue mucho mejor. Le conté la historia a cuantos se cruzaban por mi camino: a mi venerable padre, a mi amada pareja, a mis compañeros de jarana…Recuerdo una frase que vomité con especial irracionalidad: “Ojalá no suceda, pero ya cogerá ese perro a un niño pequeño que vaya delante de su madre, le hará daño y entonces el gilipollas del amo correrá como las chispas” En fundamento, Carlitos ya estaba linchado, con el beneplácito de cuantos me rodeaban. Y con lógica: temíamos por la seguridad de nuestra cánida. Sólo deseaba una escopeta con dos cartuchos: para Carlitos y para el dueño.

Corte, intermedio, ahora viene el flan. Un día después, mi señora mater me dice tranquilamente a la hora de la cena “por cierto, al pobre Carlitos le habrán pitado los oídos cosa mala…” y me contó LO QUE REALMENTE SUCEDIÓ esa mañana: Carlitos acompañaba a su dueño, como de costumbre, a comprar la prensa y llevarla en sus fauces. Se encontró con un perrito, se pusieron a jugar inocentemente, y en un descuido el perrito se salió a la carretera y fue golpeado por un coche, con el grito y las lesiones resultantes. Cuando los testigos salieron al balcón a saber qué sucedía, el perrito ya estaba medio cadáver al lado de Carlitos…y entonces las suposiciones y los diretes se dispararon.

Al terminar de contarme la auténtica versión, había perdido el apetito que llevaba. Lívido y avergonzado, pude notar cómo un pequeño Yo me llamaba imbécil, soplapingas, correvientos y sacamantecas. Pensé en el pobre Carlitos, en cómo le odié durante todo un día y en las veces que hubiera apaleado a sus amos. Como penitencia, he decidido reflejarlo en éste vuestro espacio para que lo leáis y sintáis ganas de abofetearme cuando me veáis por la calle, porque a causa de mi veletismo e impulsividad me lo merezco. Y con éstas reflexiones, termino:

– No hay perros malos, sino amos canallas.

– No se puede juzgar a un animal como si fuese una persona, cuando es evidente que no son iguales.

– Así mismo, no se puede juzgar a la gente sólo por lo que se dice, y no por lo que se sabe o conoce. Una lección que la humanidad nunca aprenderá.

– Las últimas personas de las que te puedes fiar es…la gente en general. Que tiene la puta manía de inventarse historias para llenar huecos, cojones.

– Y por último, hay que ser un poco mas listos, contrastar información, pensar en frío y no dejar que las habladurías de los correveidiles le llenen a uno el tarro de estiércol.

Con todos mis pesares, Carlitos, mis más sinceras disculpas. Mis glúteos son tuyos para que dispongas de ellos. De tu cuello para arriba, te lo ruego.

"Si, hijos. Continuamente tengo que lidiar con gilipuertas. Que perra vida..."

Published in: on marzo 29, 2010 at 8:48 pm  Comments (2)  

Piedras a la uralita

Probablemente vean vuecencias pasar por delante de su puerta a una señora vestida de blanco y beige, semidesnuda, pertrechada con un rifle en su mano izquierda y una bandera en la derecha. Si la ven realmente, pueden hacer una de estas dos cosas: llaman a Delacroix y le dicen que su “Libertad” se ha escapado del cuadro, o casi mejor llaman a los servicios de salud mental, porque posiblemente les hará más falta.

Pero, si por otra parte, la ven pasar de una guisa diferente, amoratada y con las manos atadas, no se alarmen. Eso ha pasado hoy, onomástica de pepes y papis. El día marcado, quizás por su familiaridad y la poca gana de ver un informativo en medio de la algarabía, para poner en marcha la “Ley Sinde”. La ley definitiva, capante y sonante, que le pone cercos electrificados a éste medio que aún permanecía mas o menos puro que llamamos  Internet.

La próxima vez que quieran ver una serie online, descargarse una película que no encuentran, o simplemente escuchar el último éxito musical para decidir la compra de un compactdisc, lo mismo se encuentran el quiosco cerrado. De hecho ya se puede comprobar alguna sintomatología. La libertad hoy, tras meses de amenazas, ha sido apresada, vapuleada y arrojada a una celda oscura y húmeda. Y no la 211, precisamente. Los felones ministeriales (o debería decir la infumable orejotas) se han bajado los pantalones y los pantis y se han lubricado el orto legislativo con vaselina de retribución para recibir con alegría el duro y codicioso miembro viril de la SGAE y demás fantomases discográficos; los cuales descargarán con gran frenesí su esperma verde con el símbolo del €, mientras por otra vía les entra parte y mitad de lo mismo. La rechifla es que como de costumbre el pobretico de a pie es el que asa la manteca.

Ahora, la red se convierte en una ruleta rusa; todas las páginas, de contenido “ilegal” y las que no, se juegan a los dados las apuestas de quien será en siguiente. El corralito de Cultura Socialista Obrero (insertar efecto de risas, por favor) ya ha abierto la puerta, ha entregado las llaves y el poder para poner mirando a Pernambuco toda web que no guste a los hirsutos tiranillos culturales. Es la llave de la libertad la que han llenado de escupitajos, han enfundado el guante de la censura. Hoy será lo que atente contra los intereses de los barrigones culturosos. Mañana puede ser cualquier protesta, opinión o sugerencia.  Amordazados y obligados a tragarnos la mierda que ellos caguen, pero pagándola claro, que mantener un chalet en Miami es caro de cojones. En san José le han dado una paliza a la señorita Libertad, y ya veremos si se levanta, dada la afición a mover los huevos del sillón que tienen los complacientes españolitos.

Pero que nadie meta bala en el revolver. Aún podemos soñar que a los perillanes gubernamentales les pasen factura en las próximas generales. Se tiran piedras a su propia uralita, haciendo un ruido infernoso que no les va a dejar dormir hasta dentro de dos años. Sólo puede haber castigo para los inefables memos que ocupan la Moncloa y que son Obreros y Socialistas sólo en el carnet. Unidas todas las causas precedentes a éste fusilamiento de la Libertad, no puede si no haber un guantazo electoral que los saque para siempre del gobierno. Los que vayan a votar, claro. Servidor está demasiado desencantado de la política como para esmerarme en esos menesteres.

Si algún miembro del Gobierno, o adheridos lee ésto (lo cual me llenaría de orgullo y satisfacción por haber cobrado tanta importancia) sepan lo siguiente:

Alea Iacta Est. Requiescat In Pace.

"No hay pluma!! La magia está en tí!! Aletea las orejas, cierra un par o tres webs!!"

Published in: on marzo 19, 2010 at 6:29 pm  Dejar un comentario  

Futuras cajeras

Ni despedirse de su chica puede uno sin escuchar las absurdas y exasperantes risitas de un grupito surtido de niñas ni-nis de instituto de baja ralea. Un momento tan solemne y triste como decirle adiós temporalmente a tu pareja después de haber pasado unos días en su compañía, que se vea afeado por la pringosa presencia y los comentarios nada disimulados de éstas futuras cajeras/reponedoras de súper y peina-abuelas, sin más futuro que el de quedarse preñadas del primer gañán que les baile la peonza en el tugurio cubatero de turno, se le antoja a uno un tanto irónico. Pero no estoy resentido. Eso sería rebajarse al nivel intelectual subterráneo de esta caterva de pencas fornicacrepusculonas. Tan sólo espero que recen para que se dé una de éstas tres vías:

1 – Que nunca llegue a ser profesor de secundaria

2 – Que si llego, no las tenga en mi aula

3 – Que abandonen los estudios antes de que llegue

Porque como las enganche…¡¡Ay, Dios!! Como las enganche van a experimentar la dolorosa disciplina de aquel de quien se chancearon cuando con lágrimas decía adiós a su amor.

Avisadas quedáis, perracas.

Necesito una meretriz, una cajera y una peluquera. ¿Voluntarias?

Published in: on marzo 15, 2010 at 4:39 pm  Dejar un comentario  

Disertación con un toro

El otro día, después de unos agotadores 60 minutos de forzar mis cuerdas vocales y mi paciencia hasta lo indecible, me dirigí a un bar a tomar un tentempié. El bar en cuestión, sin desvelar identidades, era de una agrupación taurina. No es que sea fanático de la fiesta nacional; es que me gusta la tortilla que preparan. Una vez dentro, un vistazo a mi alrededor me redescubrió un conjunto de carteles de corridas, retratos de toreros, capotes y banderillas adornando los muros…

Fue entonces cuando vi lo discordante. Un toro sentado en un taburete de la barra tomando taciturno un tinto, probablemente un crianza. “Que extraño”, recuerdo que pensé, “no parece un lugar muy correcto para un toro.” Me senté junto a él. Pedí un pincho de tortilla, con un vaso de agua para beber. No es que no pueda tomar alcohol en horas de trabajo, es que soy muy tacaño. Saludé al toro con una sonrisa, a lo que me respondió con un leve gruñido de cortesía. “Curioso ver un toro en un bar de una peña taurina”, le espeté. El animal, sin levantar las astas del vaso respondió “Ya sabes, ocultarse a simple vista, el mejor truco de prestidigitación” No pude evitar detectar cierto deje irónico. Tras unos segundos de silencio, traté de iniciar conversación; pero mi experiencia en charlas con toros no estaba a la altura de lo esperado, así que le saqué el único tema que, supuse, le interesaría. “Parece que en Cataluña están por suprimir la fiesta nacional”, comencé tímido. “Psé…” respondió el toro, “una más de tantas.” Confuso, le pregunté “¿Acaso no es motivo de alegría para ustedes?” El toro se giró y me contestó “Bah, sólo lo hacen porque en Cataluña van a por todo lo que huela a España. Los toros se la traemos al pairo. Y francamente, la fiesta se las pueden meter por donde no les llega el Sol.” Guardé  silencio mientras el camarero me servía mi pincho, humeante y recién sacado del microondas.

El toro (cuyo nombre auténtico era Richard Hawksmoore Worthington III, por aquello de la casta y la pura raza) pareció picado por la conversación (disculpen la expresión). De vez en cuando me lanzaba miradas de soslayo. Más relajado, le comenté “De todas formas se ha abierto un debate interesante entre taurinos y antitaurinos. Los antitoros dicen que las corridas son comparables a la ablación del clítoris…” Richard dejó escapar un amago de risita. “Tampoco es eso, hombre. A nosotros al menos nos dejan defendernos un poco. Estos antis son majos, pero a veces se les va la chola.” Mientras masticaba mi primer bocado, le pregunté curioso “¿Es cierto que les emborrachan a ustedes, o les inyectan porquerías, o les golpean en los testículos antes de las corridas para que salgan mermados a la plaza?” El animal muy velozmente zanjó el tema con un “prefiero no hablar de eso sin pruebas en la mano. El resto son conjeturas.” Sintiéndome algo culpable por haber tensado el ambiente con mi curiosidad, volví a cuestionarle “Pero a ver, respóndame, ¿les duele o no les duele?” Richard me lanzó entonces una mirada desoladora, con ojillos lastimosos en los que casi pude ver una lágrima, aparte de mi reflejo deformado y ridículo. “Pruébalo tu mismo, joven” me dijo, “pídele a alguien que te ponga a correr detrás de un trapo hasta agotarte. Solicítale a continuación que por favor te clave dos arpones en la espalda. Y cuando tengas las costillas y los costados empapados de sangre, suplícale que ponga fin a tu historia ensartándote un estoque que te pase de parte a parte y destroce los pocos tejidos y órganos que no hayan hecho jirones los arpones. ¿Te duele o no te duele?” Me puse un tanto lívido, he de reconocer, y hube de admitir que sí que me dolería. “Pues nosotros no somos de metal, chico. Ni funcionamos con gasoil.” concluyó.

Iba por la mitad de mi trozo de tortilla, cuando le referí a Richard “Esta mañana había un debate en la radio. Unos decían que sin las corridas, el toro bravo de lidia se extinguiría, porque no habría quien los criase.” Richard soltó un bufido. “Típico argumento de los que se cagan de miedo ante la perspectiva de que se les acabe el negociete.” Tomó un sorbo largo de su crianza. “No veas lo que nos importa. Como nos den a elegir entre existir como raza y seguir siendo carne de cañón o extinguirnos en paz…” No hizo falta que acabara la frase. Una sonrisa por mi parte le dio a entender que lo comprendía. “No puede culparle. Lo hacen por conservar la tradición” añadí, un segundo antes de arrepentirme. Richard dio un respingo “¿Tradición?” Al parecer, esa palabra le molestaba sobremanera. “¿Todas las tradiciones son respetables y dignas de conservar, pues? ¿Incluidas las que tienen como idea de diversión torturar, masacrar y humillar en público a un animal?” Richard pareció calmarse un poco. “Lo que me jode la pava” continuó “es que los que quieren conservar la tradición del toreo son los que después protestan por un pequeño crucifijo en un aula”. No soy muy devoto de los crucifijos, pero comprendí lo que quería decir, y asentí ante la evidencia.

Tras otro bocado de mi pincho, y animado por el ritmo de la charla, le referí maliciosamente: “También he oído a un señor en la radio declarando que los animales están al servicio del hombre para hacer con ellos lo que quiera”. Richard me miró con mucha indignación, pero enseguida caló mis intenciones y esbozó media sonrisa. “Que rasgo tan humano, la arrogancia” me dijo, “pensáis que vuestra capacidad de haceros fuertes en sociedad os hace propietarios de la naturaleza, en lugar de ser parte de ella. ¿Está el antílope al servicio del león? Quizás, pero ¿quién está al servicio del  antílope?” Sin saber muy bien que contestar, dije “Las plantas de las que se alimenta…¿no?” Mi bovino acompañante dio un trago a su vino. “No hay nadie al servicio de nadie. Todos formamos parte del curso natural. Se os permite alimentaros de los animales, del mismo modo que a nosotros se nos permite alimentarnos de otros animales o plantas. Si uno de vosotros o un grupo fuese soltado en una jungla sin armas ni comida, ¿seguirían estando los animales a vuestro servicio…o vosotros al de las fieras?” Asentí completamente de acuerdo. “Al final, la naturaleza reclama nuestro lugar. Si alguien está al servicio de otro, es todos nosotros, y vosotros, al de la naturaleza. Que al fin y al cabo es la que nos da de comer.” Hábilmente añadí “Claro, nosotros comemos pollos, cerdos, conejos…¿eso tampoco es admisible?” Richard me miró con sorna “Si la naturaleza no hubiese dispuesto que necesitarais alimentaros de otros animales, sólo comeríais verde. Además, seguro que no os tiráis media hora jodiendo a un pato antes de meterlo al horno.”

En mi plato sólo quedaban migajas; de modo que me dispuse a abonar mi consumición y marcharme. Antes de irme, le pregunté una última cuestión. “Entonces, ¿que pasará si finalmente no se logra prohibir las corridas de toros?” Richard se encogió de hombros, o algo similar para su fisionomía bovina. “La naturaleza es sabia, y sobre todo justa” filosofó, “algún día os pasará la factura por todos los abusos a su confianza y a sus dones”, me dirigió una última mirada de soslayo por encima del hombro. “Honestamente, yo en vuestro lugar comenzaría a preocuparme.” Y volvió su mirada al fondo de su tinto, ya casi vacío.

Salí del local un tanto confuso. Aún en la puerta, me asaltó una curiosidad casi ansiosa sobre las palabras finales de Richard. Volví a entrar para hacerle una última pregunta. Seguía en la barra, con un vaso completamente seco. Pero había cambiado de postura. Estaba observando en la pared, con ojos fijos, melancólicamente, un apergaminado y amarillento cartel de una vieja corrida de toros, de acaso hace cien años. Junto a éste, había otro cartel anunciando una corrida que se celebraría en pocos días. No pude dejar de reflexionar acerca de la palabra “celebrar”. Sonreí con cierta amargura. Decidí no molestarle más y lo dejé correr. Bastante tenía ya el pobre con lo suyo.

Dr. Taurus, especialista en hemorroides. Just revenge.

Published in: on marzo 5, 2010 at 9:17 pm  Dejar un comentario  

Culpables

-Hola, madre.

-Hijo! Que tal la búsqueda de empleo?

-Bastante mal, madre…no hay curro.

-Pero cómo no va a haberlo, Juan? Tienes 27 años, el mundo está abierto para tí y tu salud jóven!

-No. No lo está tanto. Están despidiendo gente de todos lados, casi nadie contrata; o lo hacen en condiciones de mierda. Y casi sólo a extranjeros.

-Tsk…tanto moro y rumano no podía ser bueno, si ya lo decía la madre de Angelitas, la de la zapatería…sí, esa que tiene la hija de tu edad tan guapa. Nos quitan el trabajo.

-No es culpa de ellos, madre. Es de los empresarios que ponen condiciones malísimas para pagar cuatro duros y explotar todo lo que se pueda. Todo el mundo tiene derecho a comer de forma honrada.

-Sí, pero son los forasteros los que aceptan cualquier cosa!! Y mientras tanto, mira que cantidad de familias españolas pasando pena…

-No es sólo a los extranjeros, madre. No te has enterado del nuevo contrato de inserción que propone la patronal para menores de 30?

-Ay, pues no menterao…

-Pues mira: es un contrato para jóvenes por el cual te dan trabajo por el sueldo mínimo, si es que llega; y te quitan de cotizar a la Seguridad Social, te quitan derecho a paro…

-Pero hijo, trabajo es trabajo, habrá que cogerlo, que hay mucha falta. Y después Dios dirá…

-Sabes, madre? Lo triste es que muchos pensarán como tú. Muchos jóvenes desesperados por no encontrar nada con lo que empezar a vivir, se verán abocados a aceptar éstas condiciones abusivas. Como consecuencia de ello, el empleo subirá, claro, pero no el consumo. Cómo van a poder vivir con un sueldo mínimo español? Y tampoco será tiempo provechoso, porque no han cotizado y no les cuenta para el día de mañana. Y cuando se les acabe el contrato a los seis meses y pico, porque al empresario le interesa ir cambiando para no hacer fijos ni subir sueldos, no tendrán derecho a paro, y una de dos: o se ponen un pasamontañas o aceptan otro contrato de mierda. Y así sin parar. Y al final siempre salimos perjudicados los mismos de siempre, mientras los gordos se llenan más y más la barriga y la cartera.

-Po si…pos llevas razón. Cuánto sinvergüenza, madre del amor hermoso. Amos, y de quien será la culpa??

-De todos, madre.

-Como dices eso, hijo? Habrá quien tenga mas culpa…

-No. La culpa es de todos. De los ciudadanos por votar con fe ciega o por tradición y no con cabeza. De los políticos por bajarse los pantalones una y otra vez y chupar muchos culos. De los empresarios españoles por ser una pandilla de buitres aprovechados que se sirven de la crisis y de la necesidad de la gente para ganar más. Tuya por no hacer nada más que ver la telenovela. Mía por no levantarme de delante de la consola más que para mear. De la gente por no mover los huevos de los sillones mientras tengan fútbol y reality shows para distraerse. De todos por no salir a la calle a reclamar lo que es nuestro, y dejar que nos arrebaten cada vez más derechos.

-Nene, po si que lo pintas tú mal…

-Yo sólo te digo, madre, que Alberto y Laura se han ido al extranjero porque aquí no ven salida ni trabajo digno, y van a probar fuera.

-Anda, tú no tendrás pensado lo mismo, no…?

-Pueeesss…

-Pero Juanito, quién se va a quedar en España para sacarla adelante!!??

-Bueno…ya tienes algo en lo que pensar de aquí a las próximas elecciones.

Con todo mi afecto, para ti, Gerardo

Published in: on marzo 4, 2010 at 2:56 pm  Dejar un comentario