Malos Modales Internacionales

Al igual que un ginecólogo se hastía de examinar vaginas de todas las formas y colores, aún cuando reconozca mintiendo como un bellaco que una vulva veinteañera no le anima más que una sesentona; un servidor, en calidad (mala, pero calidad) de cicerone y por tanto condenado cual Prometeo a que miríadas de visitantes se me devoren el hígado metafórico, también me hastío en ocasiones de resistir estoicmente según que comportamientos de nuestros ilustres tocapelotas. Cojones!!, dijo la Marquesa (de los Vélez), estamos de acuerdo en el punto que dice que gracias a estas personas cada mes recibo una miserable nómina que me aleja dos pasos del umbral de la pobreza. Mas, Claudio, en ocasiones veo muertos y se hace duro lidiar con ciertos visitantes. Y lo mejor de la película es que contra todo pronóstico los españoles no son los mas maleducados. Mucho hay de mitología en torno a los supuestos exquisitos modales europeos, y mucha mas sobre el resto del mundo. Por ilustrar lo dicho, parece que hay gente a la que le produce urticaria decir “hola” y “adiós”…no digamos ya los buenos días. O los que tratan de pasar haciéndose los suecos (aunque en el fondo saben que sabemos que son guiris) y cuando se percatan, llamada de atención nuestra mediante, de que es necesario abonar una entrada, misteriosamente y cito textualmente “volveremos cuando tengamos mas tiempo de verlo”. Amantísimos son los que ignoran los carteles que prohiben las fotografías (o según mi hipótesis no demostrada, el ojo humano no está diseñado para ver este tipo de carteles) y le sacan un retrato hasta a los flecos del manto de la Fuensanta. Y luego están mis favoritos, mis predilectos. Los que vienen hablándome en su puto idioma como si fuese su primo de Birmingham (o de Seúl, según su domicilio postal) sin ni tan siquiera preguntarme, por educación o misericordia, si hablo su lengua. ¿Que te ocurre, gamba cocida en Mojácar? ¿Tu habla es más mejor que mi indigno español o me haces un favor presuponiendo que manejo con soltura siete lenguas? Pues tengo tres palabras en tu lindo idioma, pérfido albionés: Fuck you, motherfucker!!!.

A mí no me van a vender la moto. Ni el Sedán, ya puestos. En España seguimos teniendo complejo de pueblo o vecino pobre cuando los franceses nos tratan a los españoles como si fuesemos portugueses. Nos han inculcado que para estar a la altura de Europa hay que refinar nuestras costumbres cívicas, que se vé que por allí arriba se limpian el culo con seda y sólo hablan de Schopenhauer. A lo que yo digo, con conocimiento de causa: En España no se concentra la mayor parte de garrulos, vuelcabuques y pasotas de Europa. Los maleducados están en Inglaterra, Francia, Alemania, Rumanía, Estados Unidos, La Pampa Argentina y el Mundo Trono Skrull. Que no nos traten de meter que el español es el único que escupe por la calle. Europa y el resto del mundo está preñada de gilipollas. Y la mayoría, vive dios, parece que vienen a sonreírme a la cara.

Published in: on agosto 26, 2009 at 8:02 pm  Dejar un comentario  

Ea, Ea, Ea!! Mario se Cabrea!!!

Imagine que no alcanza la nota mínima en Selectividad para hacer la carrera de Sexador de Pollos Especializado, y tiene que conformarse con hacer un módulo de fontanería. Imagine que no encuentra en su ciudad trabajo de lo suyo, dada la crisis actual, y decide emigrar a otro lugar. Y el sitio donde va a caer es un mundo donde sus únicos amigos son personillas escuchimizadas con cabeza de seta, no puede plantar macetas porque le pueden salir flores hideputas que le escupan fuego, y su única fuente de alimentación son hongos, básicamente naranjas y verdes, que le producen un cuelgue tan bruto que se siente superior al resto; y flores rojas que no sólo le joden destiñiéndole el uniforme de curro, sino que encima le ponen ardiendo. Imagine por último que su única posibilidad de practicar sexo es una princesa rubia y tonta que no sólo se deja secuestrar cada cuarto de hora, que casi parece que lo haga a mala conciencia; encima puede usted rescatarla una y trillón de veces y no le dejará tocarle un sólo pelo.

El resultado de tal vida, abajo.

Published in: on agosto 15, 2009 at 6:01 pm  Dejar un comentario  

Pequeños problemas magnificados

Lo dicen los medios de INcomunicación (aunque ésta vez tengo que estar de acuerdo, mal que me pese): Los optimistas tienen menos riesgo de morir. Así, tal cual lo escupen. Como poner una bola de papel ensalivada en el tubo de un Bic y disparártela a la cara, de suerte de darte en un ojo. ¿Morir de algo, o en general? ¿La persona mas optimista del mundo es entonces inmortal? Mos anda, que paparrucha. La explicación tras el estupor es que si eres del clan del vaso medio vacío estás así como con la tensión por las nubes, el colesterol revolucionado y eres mas propenso a la diabetes (…) Manda ovoides.

Ésto en realidad es una mala noticia para los negativos patológicos como vuestra querida zarigüeya. Cierto es que los pesimistas vivimos más pegados al culo, a poco que se tuerzan dos cosas ya vamos de cráneo, llegando a parecer incluso insuficientes los momentos mas dulces. Y eso, hijos, es peligroso. En un estado de infraanimosidad cualquier cosa, por tonta y petardil que sea, se va a multiplicar por mil. Pongamos como ilustración que nos ronda la cabeza un pensamiento no muy agradable, pero aún en estado embrionario. Pongamos que recibimos un disgusto o algo mas gordo se nos mete en la cabeza con arietes de jodienda. El pequeño problema se une al gordo, y de pronto los dos son diarreas mentales king size. Despedida y cierre, he aquí la teoría de la Mancha de Aceite, explicada en mi próximo tratado psicológico de improbable edición.

caritafeliz3

El caso es que el pesimismo es un mal negocio, máxime cuando hay daños colaterales que encima tienen la desfachatez de sufrir nuestras gilipolleces. Somos tan tontos que se nos olvida el valor de lo que tenemos hasta que es probablemente demasiado tarde; pero, eh, por fortuna el humano es mortal y no divino. Si uno no aprende a vivir con ciertas cosas, aviado queda. Haz deporte, sal de birras con los zanguangones de tus amigos, trágate una sesión de películas de Uwe Boll o cárgate a un presentador. Lo que sea, pero evita que las chorradas pesimistas aniden en el espacio vacío que hay entre tus orejas. Salta contracorriente o sal del río, pescadito.

No se si voy a fenecer de viejo, atropellado por un tren de la Union Pacific o trillado por el estrés me autosuicide. Poco me importa. Como reza una lápida mítica muy optimista: “Disculpe, señora, si no me levanto”. Ah, lo de Uwe Boll es una broma. Nadie podría soportar eso, ugh…

Published in: on agosto 11, 2009 at 7:26 pm  Dejar un comentario